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miércoles, 6 de abril de 2011

En tiempos de vendimia

Caminando sin rumbo y prisas un día,
me vi de pronto sola en la ciudad dormida,
he perdido la cuenta de los pasos dados,
no siento frío, hay dentro algo que me abriga.
Es el recuerdo nítido de lo que no he olvidado:
¡Campos de la costa , lomas, pinos…vendimia!
Viñedos en esplendor, los racimos cargados,
jinetes bien aperados se asoman por la colina,
tiempo de cosecha, se necesitan manos.
El patrón y la china, todos se regocijan,
entre cantos y bromas endulzan su trabajo,
payas entre las vides y cuecas en la cocina,
feriado de abril ,es la fiesta en el campo,
feliz entre ellos ayudo entre las viñas,
se ríen de mis podas, de lo lento que avanzo.
¡Más tiene de ciudad! Dicen de la primeriza,
al mediodía calor, una pausa, un descanso,
a la sombra de un boldo me quito la camisa,
me sobresalta una voz grave de campesino,
y unos ojos  con picardía, me regalan una sonrisa,
ojos como uvas ,embriagadores como el vino,
alta figura, risa franca , belleza mestiza,
hombre de anchas espaldas  me mira con desparpajo ,
mi cuerpo tiembla de pudor y mi tez se ruboriza,
lo observo disimulada, es un varón de trabajo,
manos grandes y fuertes, ásperas en la caricia,
de las que labran la tierra y dominan el caballo,
poca conversación, pero entre ambos mucha risa,
aumenta mi respiración, mucho calor en el campo
somos ahora dos seres ,que se observan con malicia,
embrujados  los ojos, nos miramos de soslayo,
huaso de verbo corto, sin rodeos me invita,
a pasear por el campo, tomado de su brazo,
una botella de vino en donde los ojos no miran,
una manta entre el trigo, y amor desenfrenado
sin cortejo, sin poesía, sólo  pasión en la viña,
varón que quiere hembra, fuegos encontrados,
y mujer  que anhela, juegos de amor en la colina.
Nos saciamos la sed, el hambre y el deseo,
testigos el trigo, el sol y las margaritas.
Silencio cómplice nos acompañó luego,
cada uno sonriendo, siguió con sus faenas,
a hurtadillas de noche, tomamos el acuerdo,
y nos amamos de nuevo a la luz de las estrellas.
Temprano a la ciudad, en la garganta un nudo,
sus ojos oscuros me miran con tristeza,
cada quien a su tierra, a volver a su mundo,
el recuerdo de su cuerpo ,aún mi pasión despierta,
será hasta abril mi amor, mi campesino rudo,
que volveré a las colinas a amarte dispuesta.
¡Quiero tu ojos negros, tu brazo y tu vino
y evadir juntos  las miradas indiscretas!
¡Para ser tuya entre las vides y el trigo maduro!
¡Para amarte con locura en tu manta y en tu tierra!

Andrea  Sierpe

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