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domingo, 31 de julio de 2011

¡Qué más amar!

¡Qué más amar ,cuando ya se ama todo!
Cuando presientes, a ciegas, una sonrisa,
cuando nada del otro te es insensible o ajeno,
y adivinas, cuando amorosos, sus ojos le brillan.

Amar al otro desde lo más profundo,
enamorarse desde dentro, por verbo y poesía,
un susurro distante, ojos y misterio,
ternura que a diario te consuela y abriga.

Mi temor ante lo desconocido,
tu palabra de amor lo disipa,
querer primero que figura, genio;
no escuchar consejos que lastiman.

Dar rienda suelta a  mi enamorado  corazón,
dejar la razón y sus argumentos, a la deriva,
mis  brazos  para ti , abiertos  y sinceros,
suaves para la caricia, carentes de espinas.

Lejos viajan por el viento, mis besos,
esperando rozar tiernos tu mejilla,
quiero ser  brisa fresca en tu verano,
y tú, en mi invierno, tibieza y cobija.

Amarte ha trastocado en feliz,  mi mundo,
me has cambiado, de la vida, los esquemas,
eres semilla fecunda  en  profundo surco,
de apasionado amor, de vidas paralelas.

Caminar sola, tu esencia presintiendo,
por mis lejanos caminos, tus fantasmales huellas,
vuelvo la vista y  no te encuentro,
luz de mis ojos, mi  sombra eterna.

Te doy de mí, todo lo que tengo,
dulzura y pasión a manos llenas,
una mujer, en fin; nada te oculto,
mis virtudes y defectos; celos y manías.


Te entrego mi piel como suave abrigo,
mi hombro, para compartir las penas,
mi mano, para que no camines solo,
mi pecho, para que sobre él ,te duermas.

Quiero construyamos  juntos tierno nido,
y compartir en él, lo que de vida queda,
nuestros cuerpos y corazones unidos,
abrazados, caminando la misma senda.

Para ti , luz de mis días.

Andrea  Sierpe



miércoles, 13 de julio de 2011

Los  ojos  dueños  del  mar

Mi pasión se transforma en frágil espuma,
que primorosa vuela rozándote el cuerpo,
rescoldos de un mar ,otrora en dócil calma,
que tu luz en mi orilla,  ha tornado violento.


Se han alzado como corceles azules, mis aguas,
galopando salvajes, hasta casi tocar los cielos,
el viento moja de mi rocío salino tu cara,
es mi océano, amante, que te cubre de besos.


Remolinos de peces que jugaban en su orilla,
temerosos, buscan refugio mar adentro,
un torbellino mis ojos, que buscan tu silueta,
para cubrirte con mis aguas por completo.


Caminas hasta el borde, acabando con mi espera,
llegas a otras aguas, de perfume y sabores nuevos,
de suaves arenas, simas profundas y ensueño,
que en la luz de tus ojos, se reflejan, como espejos.


Bravío pero tierno, te amaré entre anémonas,
ensortijaré de estrellas marinas tus cabellos,
y tú quitarás mis capas, entre canto de sirenas,
lento…, una a una, hasta desnudarme de pétalos.


He caído en tus redes, anzuelo de palabras,
has logrado de mí…, todo, con tus versos,
abandono azulada cuna que me cobija,
para caer rendida, en tus brazos tiernos.


Me despido de todo, de coral mi sortija,
un collar de perlas negras adorna mi cuello,
de blanca espuma ,está mi piel vestida,
en mi cuerpo, bordados los años que te espero.


Sólo tú , aquietas mi mar con tu mirada.
Sólo tú , te adueñas de sus secretos.
Tus ojos y tu boca, sed que me arrebata.
¡Tus besos ,quitan de mis labios, sal de océano!


Serán tuyas mis olas inagotables de mañana.
Mi corazón, para ti, un cofre de amor abierto.
¡Interminables lunas de caricias nuevas!
¡Para amanecer, quieta y enamorada, en tu pecho!


Andrea  Sierpe




domingo, 10 de julio de 2011

La  casa  de  la  Ira

Blancos  cisnes con quebrado cuello,
fantasmales  siluetas bajo una luna roja ,
se deslizan sobre profundo cieno,
como naves sin mástil, a la deriva.

Roncos graznidos de cuervo
me saludan entre muertas hojas,
se abren pesados goznes de hierro.
¡Oscura y terrible la casa de la ira!

Vengo a recorrerla en silencio,
me ha invitado, con misteriosa sonrisa,
temible y  poderoso su reino,
todos en su momento, lo habitan.

Danzan en un estanque oscuro,
dando tumbos entre las rocas,
peces ciegos ,de piedra sus cuerpos,
“son la Ignorancia”, ella me acota.

¿Y los cisnes?, tímida le pregunto,
“ellos son las Esperanzas rotas,
quienes tenían labrado un futuro,
y por mí, sólo cosecharon zozobra.”

En el fondo de la montaña  truenos,
por  melodía constante y única,
sin estrellas el negro cielo,
la luz ,aquí a nadie ilumina.

Temida cornamenta de Minotauro,
que a condenados vigila,
aquellos que no tuvieron control,
en sangriento círculo habitan.

La Ira me muestra, con orgullo,
su jardín ,que de violetas se alfombra,
se han regado con todos los llantos,
que en los demás ella provoca.

“Es lo único hermoso que poseo,
y que mi tempestad no destroza.”
Coge una con sus pálidos dedos,
y en mi palma abierta la posa.

“Ésta a ti, por amistad, te la regalo,
para que nunca olvides una cosa:
La ira y el amor son necesarios,
se alejan, pero a veces se tocan.”

“No hace al humano mejor ni peor,
poner mis palabras en su boca.”
“El amor es dueño de sus momentos,
yo también de los míos soy señora.”

Abandono pensativa su ciénaga,
por  despedida su  “hasta luego”.
Ahora que  conozco su jardín y su casa,
a la Ira y su humanidad no le temo.

Ella estará ahí siempre, pasiva,
todos la llevamos por dentro,
si la oportunidad no la invita,
nada la sacará de su  encierro.

Mi alma también es su guarida,
como la alegría, el amor y los celos,
ya no quiero regar sus violetas,
ni quebrar a los cisnes el cuello.

No provoques, hombre, en mí la Ira,
no seas un pez de piedra, ciego.
¡Mide tu consejo y tus letras!
¡Qué no quiero su visita de nuevo!

Andrea  Sierpe

sábado, 9 de julio de 2011

El  fruto  de  mi  espera…

Antojos de comer tierno fruto,
que maduro en el árbol se me muestra,
empezar, desde su centro, dulce y jugoso,
hacer de él ,gajos de pronta primavera.

Desollarlo  tiernamente, de a poco,
de su tibia piel, fragante y tersa,
con amoroso  apetito devorarlo,
desde dentro, suavemente, hacia afuera.

Humedad, dulzor, embrujo,
su pulpa de miel ,los labios me llena,
lo atesoro entre  ansiosas manos,
y sorbo sedienta, los jugos que libera.

Su carne viva, lentamente  mordiendo,
con ojos de lince que atrapó su presa,
deseos que se aplacan satisfechos,
mientras consumo su néctar.

De su aroma maduro  me empapo,
me embriaga el sabor que me deja,
quiero devorarlo…, de nuevo,
placer a costa de vida  ajena.

Ponen la tentación cerca de mis brazos,
no debe tener mi gula, condena,
dulce y pecaminoso mi paraíso,
mis instintos no se refrenan.

Estoy con hambre de siglos,
por siglos a mi sed, cadenas,
ahora, mi corazón las ha roto,
ya nada mi alma sujeta.

Los cielos azules para mí, de pronto,
se ha acabado mi larga espera,
fuertes sus raíces, fuerte mi árbol,
nacido del amor en fecunda tierra.

Los dioses me han escuchado,
el amor ya no se me niega.
¡De todos los frutos…,uno!
 ¡El que mi cuerpo desea!

Andrea  Sierpe

lunes, 4 de julio de 2011

De  piedra  mi  coraza

Querer ser en este invierno,
cómo piedra en río sumergida,
que todo fluya sobre mi torso,
indolente, fría, escondida.

Inalcanzable para el artero,
que sólo desea verme herida,
cubierta de hostil silencio,
mientras pasan alegres los días.

Sin  labios que delaten amor,
peces, como saetas, cuidan mi guarida,
yacer en el fondo de secreto estero,
donde no llega la ponzoña ni la envidia.

Cabalgando  sobre mi  cuerpo,
rocines azules de torrentosas aguas,
que se llevan las horas consigo,
mientras  espero, en el fondo, agazapada.

Entre opalinas arenas y verdes musgos,
entre todas las rocas , anónima,
mis ojos enamorados escondo,
dejo que todo sobre mí, fluya.

Que me aparten de los otros, su lodo,
sacar  de mi alma toda tortura,
nacer…, entre las aguas, de nuevo,
libre de cadenas y ataduras.

Quiero bordar mi piel con tus versos,
con aguja de aguas  cristalinas,
mi cuerpo,  tu libro abierto,
sobre mí, como  pétalos tus rimas.

Desde mis tobillos fluye tu tinta,
que  sube amorosa hasta mi cuello,
y se  posa como libélula en mi boca,
para que los guarde en secreto.

Encerrados en capullo de roca,
donde ningún intruso pueda verlos.
 tinta de  sangre la nuestra,
pluma forjada en recio acero.

Para otros , palabras como espadas,
certeras ,contra el que destila veneno,
para nosotros, quitamos la espina,
y nos bebemos, amando, el vino nuevo.

Quiero tener en este tiempo, coraza,
donde reboten los versos añejos,
sólo quiero tus manos desnudas,
 de a uno mis pétalos abriendo.

Quiero mi amado, luz entre mi niebla,
desenhebres  mis labios con tus besos.
¡De fuego tu poesía en mi corazón se engarza!
¡Quítame ahora apasionadas joyas del  pecho!


Andrea  Sierpe

viernes, 1 de julio de 2011

Pese  a  todo…

Busqué el amor demasiado lejos,
donde mis manos nada alcanzan,
donde se desgajan invisibles mis versos,
y no pueden encontrarse las miradas.

Mis pupilas se empañan  como espejos,
frío cuchillo me hiere la espalda,
se disipan tus faroles a lo lejos,
se me nubla de ceniza la mañana.

Manzana de oro en árbol ajeno,
hambre de amar que nada apaga,
corazón que debe estar sereno,
aunque le azote el granizo en la cara.

No saber que depara el destino,
arrojarse al vacío confiada,
con la esperanza de tu cariño,
ternura y compañía en mi mañana.

Rostros, voces que no conozco,
me quitan el sueño, despiadadas,
dormir, la noche…, da miedo,
prefiero  sorda  madrugada.

Se asoman tímidos retoños,
entre  otoñales ramas y cizañas,
anuncian el renuevo  y el cambio.
¡Primavera, rumor a  rosas y esperanzas!

Yo en  tristeza, la alegría en otros,
que tienen lo que a mí se me niega,
no se sonríen por ello  mis ojos,
mi mirada decae…,  sincera.

Mi esencia es esa, no la oculto,
aléjense de mí si les molesta,
 ante todo…, lo  veraz y honrado,
que engaño y farsa a manos llenas.

Tengo de mi vida que ocultar poco,
porque mucho la he tenido sujeta,
se inculca aquí el añejo decoro,
es mi tierra de rígidas reglas.

He saltado, sin temer, todo obstáculo,
destrozado a puño, murallas y rejas,
transformada en prófugo pájaro,
he roto ataduras y esquemas.

Sorda y ciega, no me recrimino,
por amor, mi alma se doblega,
de las gentes no temo el castigo,
por tu amor, todo vale la pena.

Sigo mirando hacia el cielo,
pidiendo calma a mi cordillera,
con mis brazos, para ti ,abiertos.
¡Perfume  a rosa nueva en mi espera!

Andrea  Sierpe