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sábado, 16 de abril de 2011

La luz de tus ojos

Llegó el amor, cabalgando en el viento,
con aromas de arenas lejanas,
atravesando las barreras  del tiempo,
sin importar las distancias,
caballero de gentiles versos,
imagino el mar en tu mirada,
enigmáticos ojos se me esconden,
adivino en ellos  la llama,
la belleza de tu tierra agreste,
la tienes en figura perfilada.
Te he conocido desde siempre,
rumores antiguos así me hablan,
ambos nacidos en la sal,
y en la espuma las primeras pisadas,
uno en antiguos mares del norte,
otra en frío Pacífico albergada.
Crecimos ambos mirando horizontes,
esperando algo que no llegaba,
razas de temple en ambos,
tozudez vasca, porfía araucana,
pueblos libres y orgullosos,
de verbo aguerrido, Ercilla lo declara.
¿Dónde estabas oculto?
¡Del destino nadie se escapa!
Si dos almas tienen que encontrarse,
pese al tiempo y las distancias,
no hay fuerza humana que pueda,
evitar se encuentren  sus miradas.
¡No me mezquines la luz de tus ojos,
caballero de la tierna palabra!
Quiero ver en ellos reflejados,
toda la grandeza de tu alma,
encontrar en su luz pasados perdidos,
traer a mi vida, historias olvidadas.
Benditos mares nos unen,
Benditos mares nos separan,
en la misma sal y el mismo horizonte,
crecieron nuestras vidas distanciadas,
dolores de amor hemos compartido,
la espina se hizo rosa en la palabra,
las lágrimas perlas en el verso,
 la pluma y la tinta enamoradas.
Mis ojos vienen abiertos desde lejos,
a encontrarse con los tuyos en el alba,
te haré versos de perlas, tinta y sangre,
rimas de amor y cantos de esperanza.
¡Amor reencontrado en el tiempo,
no me mezquines tu mirada!

Andrea  Sierpe

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