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domingo, 22 de mayo de 2011

Araucana

Quiero equivocarme contigo,
ser un irresponsable en tu querer,
lujuria para tu instinto,
amarte con terrenal entusiasmo,
esperar a que te detengas en mí,
esforzarme en enamorarte
y concentrarme sólo en ti.
Soy trébol en tu calendario,
nenúfar en el margen de tu río,
altea para tu insomnio,
pensamiento en tu amanecer,
regio amándote,
planta medicinal para sanarte
y puesta de sol en tu atardecer.
Eres la musa de mis pensamientos,
araucana,
mi alma es un cuarto cerrado
oliendo a tu perfume de mujer,
y tú una araña galeodes
que ha convertido mi vida
en un amor que comienza y acaba
en ti, en reflejarme en tus ojos
para que me ciegues de placer.
Me he enamorado sin conocerte
sólo por tu forma de escribir,
eres mi niña del alma,
Venus de mis deseos
que me rapta cada noche,
escorzo de piernas
donde florecen los labios y los besos,
humedad en mis sueños
y epicentro de mi sentir.
Suspiro porque mis manos resbalen
por tu cuerpo,
que tus vértebras sean teclas
de mi piano,
para que mis dedos te recorran
y te estremezcas con jadeos
mientras nos amamos.
Detrás de mi mar estás tú, araucana,
cierro los ojos y te veo,
respiro el aire y es tu aliento,
y en mi noche oscura de deseo
te imagino nácar en mi pecho,
anhelando que me venzas
para ser tu trofeo.
Ansío pronunciar tu nombre
para que se repita como el eco,
que mi carne cuaje en tu cuerpo
y tu piel desnuda me cubra por entero.
Imagino que tus pechos son mi almohada,
y tu vientre más que cama, lecho,
que tus brazos son mis sábanas
y tus besos, araucana,
mis sueños.
Por eso no quiero meditar sobre ti,
sino amarte


Gonzalo  Otamendi

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