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miércoles, 15 de junio de 2011

Acallar  mis  manos

Todo humo, todo niebla, todo fuga,
ahogar por discreción , el sentimiento,
silencio cómplice, oculta entrega,
sin miradas ajenas los encuentros.
Del fuego, no dejar de rastro ni las pavesas,
borrar las huellas de todo beso,
amor  escondido en el quicio de las puertas,
en tinieblas todo desenfreno,
manos invisibles e inquietas,
bocas que se devoran el aliento,
ojos que de noche centellean,
en luna  de deseo, hambrientos,
en las sombras, su refugio encuentran.
¡No hables  corazón , guarda silencio!
Guarda para ti el amor de tus palabras,
hazte invisible, que no te delate el verbo,
que no queden huellas de tus pisadas,
sobre los caminos que conducen a su cuerpo.
Borra todo fulgor de tu mirada,
oculta  tus ojos bajo oscuro  velo,
que nadie se entere de tu alma enamorada,
No te permitas  canto,  sonrisas ni  celos,
Desdibuja  tu risa,  esconde tu esperanza,
la razón primero, después el sentimiento,
“Me gustas cuando callas…”
De todos los versos, tu  preferido,
hombre, que sutil, a su amada le ordena:
“Que esté ausente”, que así es de su gusto,
no dar motivo a las gentes de pública condena.
¿Qué peor condena que un corazón silente y roto?
El amor me obliga obediencia,
con este poema te la respondo,
he guardado  silencio, como mandas,
a nadie he mencionado  lo nuestro,
palabras no han salido de mi boca,
pero, nada dijiste de prohibir lo escrito,
el decir …,un dibujo  en el agua,
éstas, las  escritas, no se las lleva el viento.
Podrás acallar, caballero, mi lengua,
pero, ni  en sueño atrevas ,amarrar  mis manos,
la lengua es prestada de tu lejana tierra,
mas mis manos, nacieron  libres de este suelo.
¡No tienen cadenas, nadie  las ata!
¡Son como palomas, libres  de plasmar  estos versos!

Andrea  Sierpe

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