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sábado, 4 de junio de 2011

Me haces falta

Me haces falta
porque eres más que un sueño,
sin ti me siento incompleto,
me rompes las mañanas,
te extraño cuando no te tengo.

Tus besos nunca son iguales,
tu voz ensordina mis sentimientos,
no tengo miedo a repetirme contigo,
anhelo que seas mi circunferencia
para ser tu diámetro y estar
dentro de tu cuerpo.

Tus palabras son tenue rumor
que me envía el viento,
te siento cerca y lejana,
necesito saber a qué hueles,
qué brillo tienen tus ojos,
palparte de pies a cabeza,
que tú seas mi lazarillo y yo tu ciego.

Quiero saber a qué sabe tu boca,
si tus dientes blancos me llenarán de cicatrices,
beberte a sorbos,
anclarme a tu cuerpo,
embriagarme con el aroma de tu piel,
susurrarte al oído las más bellas palabras
de amor, y fondear mi barco
dentro de tu puerto.

No sé si deseo ser cazador o presa,
calma en tu vida o tormenta,
mordisquear tu boca o besarte,
o, simplemente, y aunque no me quieras,
conformarme con ser tu amante.

No me importa el mañana,
sólo vivir cada momento,
no ver más lejos de tus ojos,
ni escuchar más palabras que las tuyas
diciéndome...¡te quiero!.

Sueño con que me bailes alborotada,
que me desates instintos de fiera enjaulada,
te vistas de negro con tacones de aguja,
y me lleves al éxtasis hasta desear morir
a tu lado, contigo, cuando el ocaso rojo
encienda nuestra pasión,
y nuestros corazones,
más que latir, sean pura llamarada.

Contigo ya no sé si soy jinete,
caballo salvaje o yegua desbocada,
si la crin de tu cabellera me sirve de rienda
o eres tú la que realmente me galopas,
montándome a pelo,
cuando llega cada madrugada.

Tú eres mi guitarra, y yo soy el que mejor
toca con los dedos cada cuerda de tu cuerpo,
nadie como yo sabe sacarte esos sonidos
cada vez que te rasgo con mis manos,
nadie te trata con más mimo
cuando te tengo apoyada sobre mis piernas,
sólo yo sé dónde hay que colocar el cejo
para que te sientas realmente amada.

Quiero que lo sepas, sí,
eres mi mejor regalo,
cada vez que me miras a los ojos,
cada vez que me hablas suspirando,
cada vez que me escribes,
cuando lo haces...,
yo te cojo suavemente de las manos,
te miro a los ojos
acerco tu fotografía
y, muy tiernamente,
te beso en los labios.

Y por si te vas algún día,
dejándome solo en cualquier alborada,
tal vez por otro hombre,
recuerda que nadie como yo
sabrá comprender cuánto dices con tus ojos
aunque estés callada.

Me haces falta…


Gonzalo  Otamendi

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