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miércoles, 30 de marzo de 2011



El loco del cuarto de libra

País de locuras es este,
endemoniado y adicto
a lo sin trascendencia,
la clase que se cree de casta
cegada por el falso oropel del exitismo,
enferma terminal del consumo,
con los bolsillos henchidos de dinero plástico,
hambrientos de arribismo egoísta.
Feroces manadas de incomunicados
recorren la urbes sordos con celular,
no escuchan el susurro del viento,
ni el caer sordo de la lluvia,
ni la súplica del desposeído,
no ven la miseria a ras del piso,
claman por la seguridad de lo privado,
levantan muros de indolencia en las ciudades.
¡Gritan y vociferan por su cuarto de libra!
Con el vientre lleno de ambiciones satisfechas
¡Gritan y vociferan por su cuarto de libra!
En los pasillos del Congreso y en el Palacio,
¡Exigen a golpe de mesa su cuarto de libra!
En las reuniones de accionistas en la empresa,
en las Comisiones del Senado,
en los Concejos de la Alcaldía,
y nadie conscientemente los graba,
nadie los escarnia en público o los entrevista,
nadie los sube a las redes sociales.
Para eso, para estas burlas públicas
están quienes no son del “Club”,
tú y yo, el ambulante, el docente,
el poblador, el feriante, el mendigo…
Los que no vociferan, los que no golpean la mesa,
los que tienen el vientre a medias
y las cuentas atrasadas sobre la mesa,
a los hijos con la educación al debe,
que están a la espera en hospitales,
al jubilado en su miseria,
al indígena despojado de su tierra.
¡No somos del  Club del cuarto de libra!
Somos del colectivo del pueblo,
del honesto que vive de lo que a ellos les sobra,
de la masa anónima y silenciosa que sufre,
pero que calla y no golpea la mesa…
¡Qué distinto sería mi país,
si por un día el pueblo fuera
como el loco del cuarto de libra!

Andrea  Sierpe

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