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lunes, 21 de marzo de 2011

La muñeca

La muñeca asesina
Ana apretaba la mano de Geraldo mientras sentía que la vida se le iba lentamente. Sus inmensos ojos verdes estaban llenos de lágrimas, su mayor preocupación era su hija Sasha, que quedaría desamparada cuando ella ya no estuviera en el mundo.
-Prométeme que la cuidarás como si fuera tu propia hija- le dijo entre sollozos- Perdóname Geraldo, sé que debí haberte correspondido pero nunca pude verte como más que un hermano..
Geraldo secó sus lágrimas y le dijo:
-Te juro que cuidaré a tu hija como mía propia, te lo juro por mi vida.
En ese instante entró el doctor a ponerle la inyección que le ayudaría a soportar el dolor tan horrendo que sentía. Después de inyectarla, Ana se quedó dormida y Geraldo salió de su habitación.
La pequeña Sasha jugaba con su perrito Max, ajena a lo que estaba pasando a su alrededor. Geraldo se sentó en silencio con las manos cubriéndole el rostro para poder llorar. Ana, la mujer que más amaba, se le iba y nunca más la volvería a ver.
-Ayúdame Dios mío- suplicó- Haz un milagro, su hija la necesita...
Pero el milagro no podía suceder, en ese instante, el médico lo llamó para decirle que Ana acababa de morir.
Después de la muerte de Ana fue algo difícil para Geraldo obtener la custodia de Sasha, pero Emilio, el padre de la niña, un ser ambicioso y sin escrúpulos, se la entregó por una fuerte suma de dinero. Pronto Geraldo tuvo a Sasha en su custodia y tal como le prometió a su amada la cuidó como un verdadero padre.
Sasha iba creciendo convirtiéndose en una niña muy linda igual que su mamá.
Cuando la niña tenia ocho años de edad, Geraldo decidió que era hora de casarse, quería que la niña tuviera una figura materna, una persona que la quisiera como a su propia hija. Fue así que decidió casarse con Mariela, su secretaria, pensando que ella sería la madre perfecta para su adorada hijita.
Mariela era una mujer ambiciosa y cruel, odiaba a la niña porque sabía del amor que Geraldo sentía por Ana, y veía en la niña un extraordinario parecido con su madre, por eso la odiaba sin compasión. Delante de Geraldo la trataba con dulzura maternal, pero cuando él se iba a su negocio, Mariela aprovechaba para tratar a la niña como una sirvienta, obligándola a hacer toda clase de trabajo pesado, humillándola, golpeándola y muchas veces hasta la dejaba sin comer. La niña le tenía terror y por miedo callaba los malos tratos de su vil madrastra.
Una tarde, a Geraldo se le presentó un negocio muy importante en el Medio Oriente, donde unos árabes querían comenzar a ayudarlo a expandir su negocio por muchos países. Geraldo tenía que viajar y estaría allí por espacio de cinco días.
Con profundo pesar Geraldo se lo dijo a su esposa. Mariela vio que esa era la oportunidad indicada para deshacerse de una vez por todas de la niña y lo instó a que viajara solo. Geraldo se despidió de Sasha y le prometió que a su regreso le traería un lindo regalo.
La niña se quedó llorando al verlo partir, como si presintiera que aquella era la última vez que lo vería. En efecto, una vez que Geraldo se marchó, su malvada madrastra comenzó su malévolo plan. Obligó a la niña a salir desnuda a la nieve y allí la dejó morir de frío. En pocas horas la niña murió, Mariela colocó su cuerpo en un saco y lo enterró en el patio de la casa. Estaba feliz, cuando su esposo llegara le diría que la niña había sido secuestrada e inventaría una serie de cosas para que éste creyera que así había sido. Acostumbrada a mentir sin problemas Mariela sabía que nunca se podría descubrir su horrendo crimen.
Lejos de allí en el Medio Oriente, Geraldo cerraba un gran negocio y ya estaba listo para volver a casa.
La noche antes de partir se recordó que le había prometido a su hija un regalo de allí. Con prisa se vistió y salió a caminar en busca del regalo perfecto.
Caminó por un lugar donde estaban los mercaderes vendiendo diferentes cosas, había de todo, joyas, ropa, juguetes, telas, etc., Geraldo caminaba en silencio entre la multitud sin saber a ciencia cierta que era lo que quería comprar. De repente, sus ojos se posaron en aquella tienda del mercader y su corazón comenzó a latir de prisa. No podía ser cierto lo que estaba viendo, allí en aquella tienda había un maniquí, un maniquí idéntico a su difunta amada Ana. La muñeca era alta y delgada, de grandes y vidriosos ojos verdes, parecía mirarlo también y Geraldo sintió que Ana lo estaba mirando exhortándolo a que la comprara.
Como movido por un imán se acercó a la tienda y le preguntó al mercader.
-Cuánto cuesta esta muñeca?
El mercader lo miró sin entenderlo.
-Señor- le dijo- esa muñeca maniquí no esta en venta, es sólo para anunciar mi mercancía..
Pero Geraldo saco un montón de dinero de su bolsillo y lo puso en sus manos.
-Véndamela, pago lo que sea....
De camino a su país Geraldo iba feliz, junto a él en el vuelo llevaba la muñeca y la contemplaba con ternura y sorpresa a la vez. Parecía tener a Ana delante de él nuevamente y su felicidad no tenía límites.
Cuando llegó a su casa feliz por mostrarle a su hija la muñeca, encontró a Mariela llorando angustiada.
-La niña fue secuestrada- le dijo entre sollozos- un grupo de hombres armados se la llevaron, reporte a la policía pero...
Geraldo se volvió como loco, no podía ser posible, salió como un loco tomó su auto y se marchó a la estación de  policía donde Mariela, claro está, había hecho la denuncia del secuestro.
Mariela sonrío y cuando iba a subir a su habitación se quedó petrificada. Ante ella envuelta en una tela de seda estaba aquella muñeca. Cuando Mariela la miró la sangre pareció congelarse en sus venas. El recuerdo de Ana vino a su mente.
-Dios mío- dijo asustada- esta muñeca tiene el mismo rostro de esa mujer...
Llena de miedo subió las escaleras rumbo a su habitación...
Las horas pasaban y su esposo no volvía. La noche estaba llegando, Mariela no sabia que hacer, no sabía por que sentía tanto miedo...de repente, sintió pasos en la escalera, unos pasos firmes, de pie delicado, de tacones, no, no era Geraldo, era alguien más, era una persona con tacones, de caminar erguido y firme, quién podía ser? Mariela se levantó de la cama, cerró la puerta con cerrojo y gritó.
-Quién es?,quién está ahí?, váyase o llamo a la policía...
No hubo respuesta, los pasos se acercaban más y más. Mariela puso un mueble para cubrir la puerta…,comenzó a escuchar el llanto de la niña, la voz de Sasha pidiéndole que le abriera la puerta.
-Tengo frío Mariela, tengo frío decía la voz, sí era la misma voz que había escuchado aquella noche en que dejó que la niña muriera congelada en el patio de la casa...
Mariela se tapó los oídos para no escuchar más, la voz de la niña se confundía con la voz de Ana que le gritaba Asesina!!!   
Mariela comenzó a gritar desesperada aferrada a la puerta...
Cuando Geraldo volvió en la madrugada, encontró a su esposa muerta en el piso de la habitación, había sido degollada con una navaja y junto a ella, tirada en el piso, con los ojos vidriosos mirándolo fijamente y en los labios lo que parecía ser una sonrisa triunfal…, estaba la muñeca!!!
Keitri  Moon

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