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miércoles, 5 de septiembre de 2012



El sueño es dulce

A veces no quisiera
que la luz de un nuevo día
me hiriera los párpados.
¡El sueño es tan dulce!
Nada en él te lastima…
nada te oprime el pecho,
se aletarga el desconsuelo
cuando te entregas
a su oscuro y tierno vacío
de luna y danza de estrellas.    
Nada duele en el sueño,
su pequeña muerte
te roza apenas,
te abraza suave…
(el único que recibo)
¡Y te dejas arrebatar
feliz por su llegada!
Con una leve sonrisa,
por el ilusorio triunfo
de haber sobrevivido
un día más.
De salir indemne
(pese a tus alas rotas)
de los venenosos aguijones
que te clava la vida,
cada vez que el sol,
se despierta amenazante
por mi blanca cordillera.
Amo la noche y su silencio…
Me duermo con la vista perdida
en un acallado llanto,
pero con un tenue alivio
por un pacto secreto,
urdido entre mi alma y mi razón.
No se tocarán de noche…
Me devolverán mis alas
Y no me impedirán el vuelo…
La razón me tortura con su luz,
con la cruel verdad de mis días,
pero en mis sueños…
¡Sólo en lo breve de mis sueños!
Puede mi alma abandonarse
y olvidar…
y construirme un mundo feliz,
simple…mío y ajeno a la vez,
donde la luz es amiga
porque me deja ver tu rostro…
tus ojos sonriéndome…
y manos entrelazadas
frente un mar desconocido.
Es lo único que necesito
para que al despertar
vuelva a contemplar con amargura
mis alas quebradas,
y la vida se me venga encima
con toda su furia,
con lapidaciones privadas
y burlas públicas,
de quienes nunca comprenderán,
(porque jamás lo han sentido)
(porque nunca pudieron volar)
que por un gran amor
se entrega todo…
se soporta todo…
y se pierde todo…


Andrea  Sierpe

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