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viernes, 7 de septiembre de 2012


Cuando amanezca mañana


Cuando amanezca mañana,
trátame suave,
como un lirio quebrado,
como  un ave de alas rotas
que una vez migró,
en busca de un corazón ajeno,
que creyó equivocadamente suyo.
Regazo huérfano de un regazo
al que ansiaba honesto y cálido,
para refugiar la pequeñez
de una golpeada existencia.

Volé como un ave ingenua,
que buscaba los brazos
de un fuerte roble
en el cual anidar,
una tierna esperanza
que llegaba hecha verso
empapado de amor y sal.

Para terminar con culpa,
en un frío adiós,
en dolorosa espera,
renegando mi soledad,
abrazando noche tras noche
una lápida con rosas marchitas.

Por favor…abrígame…
tengo frío…
desde dentro me inunda su hielo,
y su voz como huracán,
inmisericorde, acusadora,
retumba en mi cabeza,
abriendo una y otra vez
mis heridas.

Pérdoname…
sabes que ya no te amo
pero, no impediré que tú lo hagas.
Necesito palabras dulces,
aunque sean de tus crueles labios
que tanto daño antes me hicieron.

Tómame en brazos
y deposítame sola
en un rincón cálido,
en el último cuarto,
de la que fue mi casa,
desde donde pueda ver
como tímidamente,
florece esta triste primavera.


Necesito ahora más que nunca,
el trino más dulce,
el gorjeo alegre
de mis dos joyas…
que es lo que me trae aquí.

¡Déjalos entrar…
ya no importa que me vean así!
De mis errores aprenderán.
¡Son fuertes!
¡Mi dolor los ha hecho fuertes!

Y si quieres ver brillar mis ojos
llévame en un largo viaje…
lejos de aquí…cerca del mar,
donde más furiosas sean
las oscuras olas
de mi mar del sur.

Y pese a todo lo pasado,
no me juzgues…
no me sigas en mis atribulados pasos,
que marcan erráticas huellas
en la arena.

No preguntes…
y si me ves llorar…calla,
sólo alcánzame un pañuelo
para secar mi llanto.
Dame tiempo…
te lo pido por lo que fuimos,
Dame mis hijos y tiempo…

Después que muere la tarde
siempre habrá sobre las olas
la tibieza de un nuevo sol.



Andrea  Sierpe

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