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domingo, 9 de septiembre de 2012


Dignidad…

Lenguas de doble filo, algunas,
muy hábiles al opinar,
con liviandad palabras escupen
y las emiten sin pensar.
¡Cuidado señores digo!
Hay que saber utilizar,
ciertas sentencias, que mal usadas,
mal hablan de quien las da.
Falta de criterio y sentido
se aprecian en el hablar,
cuando sin pensar acusamos,
falta de dignidad.
La dignidad es inherente
a todo ser humano,
 sin discriminar,
es lo único que no perdemos,
en vida y muerte jamás.
Al privar a alguien de ella
actuamos  con  soberbia,
sin decoro e impiedad.
Dignidad tiene el rico en su riqueza,
y  hasta el pobre en mendigar.
Nacemos con ella todos,
Dios nos la dio por igual.
La dignidad no se pierde
ante cualquier banalidad,
es lo más preciado que tenemos,
no la pierde el débil,
no la destruye el mal amar,
no la mata la miseria,
ni la menoscaba la edad.
Dignidad es palabra sagrada,
con la que no se debe jugar,
sobre todo públicamente
donde todos puedan mirar.
Se cuelgan del escarnio
algunos… sólo por lastimar,
eso tiene un solo nombre,
se llama simplemente…crueldad.
En “cristiano” hay muchas otras
que puedes utilizar,
pero las grandes como ésta
prívate, prudente, de manejar.
Es un pecado muy grande
quitarla falto de probidad,
vale más para el hombre
en toda su orfandad,
que la honra, la pureza,
los bienes y la amistad.
Desdícete de tu mal juicio,
es de grandes  aceptar,
que a veces se cometen errores
sin mediar en ello maldad.
Y nunca más en tu vida,
te atrevas  a tu prójimo
de ella despojar,
a menos que seas tan puro,
y de tan alta dignidad,
como el Cristo mismo que dijo
en una lección de bondad:
“Que tire la primera piedra
él que libre de pecado está”


Andrea Sierpe
(2011)

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